Si en tu organización alguna vez has elegido la foto del chaleco salvavidas para que una campaña funcione, o has escrito «drama humanitario» en una nota de prensa para que alguien la leyera, este texto es para ti. No es un reproche: son decisiones muy extendidas en el sector y en los medios, casi siempre tomadas con prisa y con buena intención.
La migración es la noticia con la que el público está menos satisfecho. Lo dice el Digital News Report 2026 del Reuters Institute: entre todos los temas que analizaron, es en el que más gente cree que los medios lo hacen mal, en países distintos y con personas de ideologías opuestas. Y los mismos errores de los medios se cuelan en las campañas, las memorias y las webs de muchas ONG.
Aquí tienes qué falla, por qué pasa y 7 cambios que puedes aplicar en tu próxima publicación, con ejemplos de antes y después.
Qué falla (y por qué no es culpa de una sola persona)
En septiembre, el Reuters Institute publicó un análisis sobre por qué falla la cobertura de migración, con entrevistas a periodistas e investigadoras especializadas. Te lo traduzco al trabajo de una organización:
Dos casillas y ninguna más
La persona migrante aparece como víctima que da pena o como amenaza que da miedo. El periodista Ismail Einashe lo resume así: la forma de cubrir la migración la ha reducido a un binario. Las ONG solemos caer en la primera casilla con buena intención: la foto del chaleco salvavidas, la madre que llora, el niño mirando a cámara. Pero la víctima y la amenaza tienen algo en común: las dos le quitan a la persona su capacidad de decidir y de opinar. Solo existe en su peor momento.
Y cuando se intenta salir de esas dos casillas, a menudo aparece una tercera: la persona migrante «útil». La que emprende, la que cubre los trabajos que nadie quiere, la que «paga nuestras pensiones». Parece un mensaje positivo, pero hace que los derechos dependan de lo productiva que sea alguien.
Una persona no tiene que demostrar que sirve para merecer un trato digno.
Palabras de catástrofe
En julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta, parte de la cobertura habló de «asaltos» e «invasiones». Son palabras de guerra para hablar de gente que camina. En las organizaciones pasa algo parecido cuando, para conseguir atención, la nota de prensa habla de «crisis», «oleada» o «drama humanitario». Funciona para el titular de un día y alimenta el miedo de todo el año.
Todo mezclado
Una persona que pide asilo, alguien que cruza el Estrecho en una patera y una vecina que lleva diez años aquí y está en situación irregular viven realidades distintas, con leyes distintas. Cuando se meten en la misma palabra, la conversación pública se distorsiona y las soluciones también.
Un caso convertido en norma y cifras sin contexto
Un delito cometido por una persona migrante se cuenta como si hablara de todas. Un «récord» de llegadas se publica sin decir comparado con qué. La investigadora Blanca Garcés-Mascareñas, del CIDOB, lo describe como una brecha cada vez más grande entre la realidad y las percepciones: la gente cree que en su país vive mucha más población migrante de la que de verdad hay.
Se habla de las personas migrantes, no con ellas
Se cita a cargos, políticos y expertos. Cuando aparece una persona migrante, casi siempre es para contar su dolor, no para analizar lo que pasa. En muchas ONG el reparto es el mismo: el equipo técnico explica y la persona «da su testimonio».
Sin mirada de género ni antirracista
Se habla de «los inmigrantes» en masculino y en bloque. Las mujeres migrantes casi solo aparecen como víctimas de trata o de violencia, mientras miles de trabajadoras del hogar y de cuidados sostienen la vida de muchas familias sin aparecer en ninguna noticia. Y se olvida que buena parte del rechazo no tiene que ver con el pasaporte sino con el color de piel, el acento o el apellido: hay personas nacidas aquí que reciben el mismo trato que quien acaba de llegar.
Por qué pasa
No es culpa de una periodista ni de una técnica de comunicación. El análisis señala causas que se repiten: redacciones recortadas que mandan a cubrir migración a gente sin especialización, información que se hace desde el despacho y no sobre el terreno, y clics que premian las voces más extremas. En las organizaciones el equivalente son las prisas, los equipos de comunicación de una sola persona y las convocatorias que piden «impacto» en una foto.
Guía gratuita
«3 preguntas antes de publicar sobre tu comunidad». Una hoja para revisar cualquier pieza antes de que salga. Descarga la guía (PDF) →
Qué hacer distinto (checklist)
- Habla con, no sobre. Antes de publicar, pregúntate quién protagoniza la historia: ¿la persona migrante o alguien que opina sobre ella? Y cuando hable, que sea también para analizar, proponer o discrepar, no solo para emocionar.
- Pide permiso de verdad. La persona sabe dónde se va a publicar, puede revisar lo que dice antes de que salga y decide si aparece su cara o su nombre. Piensa en lo que puede pasarle si su situación administrativa queda expuesta. Y hazte esta pregunta: ¿qué pasa si lee lo que publico sobre ella?
- Separa los fenómenos. Ten un glosario interno y úsalo siempre igual: protección internacional, persona refugiada, persona en situación administrativa irregular, persona migrante. Si una palabra necesita explicación, explícala.
- Pon cada cifra en contexto. Di de dónde sale, compárala con otros años o con la población total y explica qué significa.
- Revisa el vocabulario. Cambia las palabras de catástrofe por datos y nombra situaciones, no personas: nadie es «ilegal», está en situación administrativa irregular. Más abajo tienes las palabras que en España pesan especialmente.
- Muestra vida, no solo drama. Que la persona aparezca también trabajando, cuidando, estudiando, en su barrio o discutiendo de política. La vida de alguien no empieza ni termina en la frontera. Pero mostrar vida no es mostrar solo éxitos: evita convertir a cada persona en un caso ejemplar que justifica su presencia.
- No amplifiques lo extremo. No repitas un bulo en tu titular para desmentirlo: así también lo difundes. Si cuentas un caso, explica que un caso no representa a la mayoría.
Tres ejemplos de antes y después
Son ejemplos inventados, escritos a partir de formatos que se ven a menudo en notas de prensa, memorias y redes.
En una nota de prensa
Antes
«Nueva oleada de pateras: más de 300 personas llegan a Almería en un fin de semana».
Después
«Llegan a Almería 312 personas en cinco embarcaciones. Es la cifra más alta de este año en la provincia y está por debajo de la del mismo mes del año pasado».
Qué cambia: sale la palabra de catástrofe y entra el dato con su comparación.
En un pie de foto
Antes
«Fátima, víctima de trata, rehace su vida gracias a nuestro programa».
Después
«Fátima coordina el grupo de mujeres de la asociación del barrio».
Qué cambia: Fátima deja de existir solo por lo peor que le pasó y la organización deja de ser la protagonista. Es el pie de foto que le pondrías a cualquier otra persona del barrio.
En un post de campaña
Antes
«Sin ellos no habría quién recogiera la fruta: los migrantes sostienen nuestro campo».
Después
«Quien trabaja en el campo tiene derecho a un contrato y a una vivienda digna, venga de donde venga».
Qué cambia: los derechos ya no dependen de lo útil que sea alguien y el masculino genérico deja de borrar a las temporeras.
Dos cosas que en España pesan especialmente
Las palabras que deshumanizan
Hay términos que en España ya no son neutros. El más claro es «menas»: nació como sigla administrativa de «menores extranjeros no acompañados» y la extrema derecha lo ha convertido en un insulto. Detrás hay niñas, niños y adolescentes que migran solos. Lo mismo pasa con «ilegales» o «sin papeles» usado como etiqueta desde fuera.
Al mismo tiempo, muchos colectivos eligen sus propias palabras: hay quien se nombra «sin papeles» a propósito, como forma de reivindicación. La regla es sencilla: pregunta a las personas y a los colectivos cómo quieren que se las nombre y respeta su respuesta, aunque no coincida con tu glosario.
Las imágenes que siempre son las mismas
Las palabras van de la mano de las imágenes. Cuando se habla de migración en España, la imagen casi siempre es la frontera sur: Ceuta, Melilla, una patera en el Estrecho. Pero esa no es la experiencia de la mayoría. En España viven más de 10 millones de personas nacidas en el extranjero. Después de Marruecos, los principales países de nacimiento son Colombia y Venezuela, y la gran mayoría de esas personas no llegó en patera.
Si tu organización solo ilustra la migración con la valla o el mar, repite el mismo foco que critica. La migración también es la vida cotidiana en el barrio, el trabajo, la escuela y las asociaciones que las propias personas migrantes sostienen.
Contar la migración con matices puede decepcionar a una parte del público, y el propio análisis del Reuters Institute lo reconoce.
Pero comunicar mejor la migración no es una cuestión técnica. Es una decisión sobre a quién escuchas.
¿Por dónde empezar?
Antes de tu próxima publicación sobre migración, pásala por la guía gratuita «3 preguntas antes de publicar sobre tu comunidad».
Y si quieres revisar a fondo cómo comunica tu organización, empieza por la Sesión de Diagnóstico: 75 minutos de trabajo sobre tu comunicación y tres acciones concretas que puedes aplicar aunque luego no trabajes con nosotras.
Para seguir leyendo
En España hace años que se estudia este problema. Red Acoge lleva desde 2014 analizando cómo tratan los medios la migración en sus informes Inmigracionalismo y la Fundación porCausa investiga cómo se construyen las narrativas sobre migración.
Fuentes
- Reuters Institute, Digital News Report 2026.
- Gretel Kahn, «Fixing immigration coverage: Why newsrooms often fail and how they can do better», Reuters Institute, 4 sep 2026.
- Red Acoge, informes Inmigracionalismo (desde 2014).
- Fundación porCausa.
- INE, Estadística Continua de Población (1 jul 2026, provisional).
- INE, Censo Anual de Población 2025.
Carmen García