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Una boya rosa con una cara sonriente pintada flota en el mar, montaje del artículo sobre cómo contar historias con las personas y no sobre ellas Narrativa

Las historias se cuentan con las personas, no sobre ellas.

Guía práctica contra el extractivismo narrativo: qué preguntarte antes de contar la historia de otra persona y cómo comunicar una causa sin hacer más daño, aunque no haya intención de hacerlo.

Cósmica 6 de julio de 2026 9 min de lectura

Conoces la foto. Una niña mira a cámara, los ojos húmedos, el fondo desenfocado. Debajo, un texto que empieza por "María no tenía nada". La publicación funciona: mucho alcance, muchos corazones. Y María nunca vio esa foto publicada, ni sabe qué dice el pie, ni cobró por aparecer ahí.

Eso tiene nombre: extractivismo narrativo. Consiste en tomar la experiencia de alguien, normalmente alguien con menos poder o en una situación de vulnerabilidad, y convertirla en material de comunicación para un tercero. La organización obtiene visibilidad, donaciones o prestigio. La persona obtiene, en el mejor de los casos, nada.

No lo escribimos desde la superioridad moral. Lo escribimos porque nosotras también lo hemos hecho mal y porque el sector social está lleno de gente con buenas intenciones repitiendo un manual que nadie ha revisado en mucho tiempo.

El problema no es contar historias. Es de quién es la historia

Las historias funcionan. Eso no está en discusión: nuestro cerebro procesa un relato mucho mejor que una estadística y una causa sin rostro rara vez moviliza a nadie. El problema aparece en otro sitio: en quién decide qué se cuenta, cómo se cuenta y qué se hace con el resultado.

Hay una diferencia enorme entre contar la historia de alguien y contarla con alguien. En el primer caso, la persona es materia prima. En el segundo, es coautora.

Si la persona protagonista no puede reconocerse en cómo la has contado, no has contado su historia. Has contado la tuya usando su cara.

Cinco preguntas antes de publicar

Estas son las que usamos nosotras antes de dar por buena cualquier pieza en la que aparece una persona real. Si alguna respuesta incomoda, la pieza no está lista.

  1. ¿Quién gana con esta publicación y quién asume el riesgo? Si tu organización se lleva la visibilidad y la persona se lleva la posibilidad de ser identificada por su agresor, su casero o su empleador, el reparto no es justo.
  2. ¿Ha visto esta pieza tal como se va a publicar? No el proyecto en general: esta foto, este titular, este pie. La aprobación abstracta no es aprobación.
  3. ¿Aparece como persona completa o solo como carencia? Si de alguien únicamente sabemos lo que le falta, lo hemos reducido a su peor día.
  4. ¿Tiene agencia en el relato? ¿Decide, actúa, opina o solo recibe lo que tu organización le da?
  5. ¿Podría retirar su historia mañana? Si la respuesta es que no, técnicamente o en la práctica, no fue un préstamo. Fue una extracción.

Qué cambia en la práctica

Cambiar de enfoque no es cuestión de suavizar el lenguaje. Es cuestión de rehacer el relato desde otro lugar. Algunos ejemplos de cosas que vemos y de cómo las reescribiríamos.

Del "beneficiario" a la persona

"Gracias a tus donaciones, ayudamos a 40 beneficiarias" convierte a 40 personas en una cifra de rendimiento. Una alternativa: "40 mujeres usaron el servicio jurídico este año. Tres de ellas lo cuentan aquí." La segunda versión da un dato igual de útil y devuelve el sujeto.

Del testimonio editado al testimonio propio

Recortar una entrevista de cuarenta minutos hasta dejar la frase más desgarradora es una decisión editorial legítima en periodismo y bastante discutible en comunicación institucional. Nosotras preferimos preguntar directamente: "¿qué querrías que la gente entendiera de esto?" y publicar esa respuesta, aunque sea menos espectacular.

De la foto que ilustra a la foto que documenta

Una imagen de alguien llorando en primer plano ilustra tu mensaje. Una imagen de esa misma persona en su contexto, haciendo algo, mirando donde quiera mirar, documenta su vida. La primera funciona mejor en un anuncio; la segunda no te obliga a pedir perdón dentro de cinco años.

El consentimiento no es un formulario

Firmar un papel es el mínimo legal, no el estándar ético. Un consentimiento que de verdad lo es cumple cuatro condiciones: es informado (la persona sabe dónde se publicará y durante cuánto tiempo), es específico (para esta pieza, no para todo lo que hagas en la próxima década), es revocable (y explicas cómo) y está libre de dependencia.

Esa última condición es la más incómoda. Si alguien recibe un servicio de tu organización, decir "no" a la petición de contar su historia le cuesta más que a ti. No hace falta que haya coacción explícita: basta la sospecha de que negarse pueda tener consecuencias. Por eso conviene que quien pide el testimonio no sea quien decide sobre la ayuda.

La idea clave

Un buen test rápido: si esa persona leyera tu publicación junto a su familia, ¿le daría orgullo o vergüenza? Si dudas, no publiques todavía.


Lo que ganas cuando lo haces bien

Existe la idea de que la comunicación ética comunica peor: que sin la foto impactante nadie dona. En nuestra experiencia ocurre lo contrario a medio plazo, por cuatro razones concretas.

  • La confianza dura más que el impacto. El relato dramático genera un pico de atención y una fatiga rápida. El relato digno genera vínculo y el vínculo es lo que sostiene un socio recurrente.
  • Reduces un riesgo real. Las organizaciones que han tenido crisis reputacionales serias en el sector social rara vez las tuvieron por comunicar poco. Las tuvieron por comunicar a costa de alguien.
  • Las personas colaboran mejor. Cuando alguien participa de verdad en cómo se cuenta su historia, aporta matices, contexto y precisión que ninguna redactora externa puede inventar. El material es mejor.
  • La honestidad dignifica. Contar sin exagerar, sin recortar contextos ni convertir a nadie en víctima de catálogo es una forma de respeto que se nota. Y es también la prueba más clara de que quieres impactar de verdad en las comunidades a las que dices servir, y no solo aparecer haciéndolo.

Cómo lo hacemos en Cósmica: ninguna historia sale sin que la persona protagonista haya visto la pieza final y pueda decir que no. Ha pasado. Cuando pasa, buscamos otra forma de contar lo mismo y casi siempre acaba siendo mejor que la primera.

Para terminar

Comunicar una causa siempre implica hablar de personas. La pregunta no es si contar historias, sino desde dónde. Contar con las personas obliga a ir más despacio, a negociar el relato y a renunciar a algún titular. También es lo único que hace que tu comunicación se sostenga cuando alguien la mire de cerca.

Si quieres revisar cómo cuenta tu organización las historias que cuenta, es exactamente el tipo de cosa que miramos en una auditoría de comunicación.

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Carmen García

Quién escribe

Carmen García

Fundadora de Cósmica. Comunicadora estratégica con más de 15 años de experiencia. En este blog escribimos sobre lo que aprendemos trabajando: estrategia, narrativa y SEO para causas que importan.

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